El pasado 27 de abril del presente año, aproximadamente a las doce del día, el pasillo principal del nuevo edificio de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM se llenó con el sonido de tazas chocando entre sí, tambores y consignas gritadas por un grupo de alumnas frente al salón 203, como protesta ante el acoso sexual de parte del profesor Seymur Espinoza Camacho.

La cátedra, en ese salón y los aledaños, fue bruscamente interrumpida por frases como “Fuera, fuera, acosador”, “Fuera acosadores de la UNAM”, “Que te dije que no. Pendejo no”. Éstas y otras similares se repitieron alrededor de quince minutos antes de que las autoridades respectivas hicieran acto de presencia. Aunque no tomaron medidas contra las activistas, estas abandonaron el edificio acompañadas de una última consigna referente al machismo presente en la universidad y el papel del feminismo para su erradicación.

Este suceso ha sido fuertemente difundido y a la fecha sigue dando pie a que muchos casos similares de acoso de este profesor hacia sus alumnas y adjuntas se hagan escuchar. Lo que al principio fueron sólo rumores, se han extendido con el descubrimiento de muchos testimonios similares que permiten que se cuestione por qué la universidad no ha tomado sus cartas en el asunto.

Seymur Espinoza Camacho es Licenciado en Ciencias de la Comunicación por parte de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales; cuenta con una maestría en Comunicación y es profesor de tiempo completo en la institución señalada. A lo largo de su carrera profesional, ha sido coautor de varios libros y escritor de algunos artículos en colaboración. Su experiencia se concentra en su participación en varios proyectos de investigación, además de impartir cátedra en las materias de Metodología de la Investigación en Comunicación, Procesamiento y Análisis de la Información y Métodos y Técnicas Avanzadas de Comunicación Política (SUA). Debido lo anterior, mantiene entre los alumnos de la facultad de cierto prestigio que vuelve inevitable poner en tela de juicio los testimonios de las alumnas acosadas.

— Ya sabía desde antes del acoso por “La que Arde” — Dijo una de sus alumnas, que además fue testigo de los eventos del 27 de abril —; sin embargo, la nota no me pareció creíble, y me habían dicho que era muy buen profesor.

La nota mencionada refiere a una publicación del 19 de octubre de 2016, a cargo de una revista digital feminista conocida como “La que Arde”. Se trata de una denuncia bajo el seudónimo Ximena Aparicio, donde la víctima alega haber sufrido durante años de violencia psicológica y sexual de parte del profesor.

“Con el tiempo me convertí en una de las mujeres más allegadas a él: su empleada, su pareja y su asesorada de tesis. La mayor parte de mi tiempo estaba con él; cuando no, me enviaba demasiados mensajes preguntando dónde estaba, qué hacía, o me llamaba para cuestiones de ‘trabajo’. Si no le contestaba, me hacía dramas. Me la vivía pegada al teléfono con tal de no recibir alguna agresión.”

Sin embargo, a esta nota le antecede una del 15 de octubre del 2016, a cargo de la misma plataforma y escrita por Magali Arriaga.

“Una noche me invitó a cenar, le dije que sí, que estaba bien. Fue nuestra primera salida a solas. Pasó por mí en su auto a mi casa y me llevó a un restaurante en alguna parte de la Ciudad de México que yo desconocía. En el restaurante Seymur me empezó a acosar, hizo que pusiera mi mano sobre su pene, sobre su pantalón, ahí bajo la mesa del restaurante…”

Además, otros testimonios, recolectados en la misma página, son de alumnos de generaciones anteriores que en su momento llegaron a ser conscientes del acoso que sufrían varias de sus compañeras. Hacen referencia a un modus operandi en el que el profesor aprovechaba su posición de poder sobre alumnas especialmente vulnerables, que carecían de una figura paterna o habían vivido situaciones similares a las que él sufrió en algún momento de su vida.

Se trataba de un secreto a voces, que aunque no era posible de comprobar, se podía observar en su patrón de comportamiento con determinadas alumnas y en los rumores que no dejaban de escucharse en torno a su persona. Sin embargo, estos siempre permanecieron como rumores, sin trascender a la denuncia o, como en los casos más recientes, sin pasar más allá de una denuncia que fue fácilmente ignorada por las autoridades respectivas.

“El silencio es lo que empodera al abusador y hace cómplices a los testigos. Yo ya no quiero ser parte de esta situación” Afirmó Ximena Aparicio. Que esta situación se siguiera repitiendo y las denuncias no procedieran, orillaron a las víctimas a una acusación mucho más abierta.

Entre las activistas de varios colectivos feministas que fueron partícipes de la denuncia el 27 de abril, se encontraban tanto víctimas del acoso como personas cercanas a ellas, además de otras mujeres solidarizadas con la causa. Durante la protesta, el profesor no dio señales de sentirse avergonzado u ofendido; se limitó a recargarse en el escritorio y esperar a que todo el alboroto finalizara.

— Se recargó en su escritorio mirándolas fijamente. Nos volteaba a ver como de “A ver cuando acaban” — Afirma otro testigo luego de asegurar que un par de compañeros quisieron cerrar la puerta y el colectivo no lo permitió —. Después de ello sólo hemos tenido una clase, pero no se mencionó lo ocurrido.

Existe la sospecha de que todo lo acontecido no es más que un intento de desprestigiar al profesor para beneficio de otros, principalmente porque es conocida su relación con las esferas de poder. Sus numerosos trabajos y formación académica hablan de él como un buen profesor con una ética adecuada.

Los testimonios afirman que no niegan su gran habilidad como educador, pero que el que la tenga no implica necesariamente que se trate de una persona de valores y ética intachable. Por lo tanto, no es imposible que sea realmente culpable de todo lo que se le acusa.

A la fecha, las autoridades siguen sin manifestarse y el profesor continúa con sus clases. Si bien la situación parece haberse aplacado de momento, los colectivos siguen esperando que se escuchen sus demandas y se tomen medidas contra Seymour Espinoza Camacho.

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