En las elecciones del viernes pasado en Irán, Hassan Fereydoum Rohani venció con un 58.6% a su contendor principal, Ebrahim Raisi,  quien obtuvo 39.8% de la votación. De esta manera el actual mandatario continúa por un periodo más en el sillón presidencial.   

Rohani alzando la bandera reformista pudo derrotar así a los conservadores de línea dura a quienes representaba la oposición. Según una reportera de la BBC esta ha sido “la venganza de la gente contra los conservadores que los intimidaron, encarcelaron, ejecutaron, empujaron al exilio, los sacaron de sus trabajos y discriminan a las mujeres”.

Con ese resultado el presidente tendrá las facultades para continuar con las reformas que consisten en terminar con el extremismo, construir puentes con el resto del mundo y enderezar el rumbo de la economía. Durante su campaña promovió la imagen de un nuevo Irán, más moderado, abierto al mundo y la globalización. Para llevar a cabo estas reformas Rohani tendría que hacer frente a la resistencia de, además del sector conservador, la atenta mirada del actual gobierno de Donald Trump.

Esto porque en 2015 el entonces presidente convenció a los políticos de Irán de la conveniencia de firmar un acuerdo nuclear con otros países, entre ellos Estados Unidos y Rusia, con el que aliviaría de las sanciones internacionales que se impondría a su país de no acatarlo. Desde entonces surgieron las sospechas de que Donald Trump consideraba retractarse y revocar el  acuerdo nuclear con Irán y aumentaron con las declaraciones en abril de este año, del secretario de Estados Unidos, Rex Tillerson, quien calificó al acuerdo nuclear como un fracaso pues no imponía restricciones severas para el uso de  armas nucleares y señaló que el país podría seguir los pasos de Corea del Norte. Incluso llegó a calificar a Irán como patrocinador del terrorismo. Aun con ello, no ha habido un pronunciamiento formal de parte de la Casa Blanca que revoque el acuerdo.

Por otro lado, la economía se presenta como un reto de la gestión pues se evidencia la necesidad de una buena dosis  de una inversión extranjera que al parecer necesita de incentivos para que pueda incrementarse. A la vez, aún quedan promesas de su anterior gestión que siguen a la espera como la liberación de los líderes opositores reformistas que se encuentran bajo arresto domiciliario desde 2011 y dotar de mayores libertades civiles al país en el que las denuncias por violaciones de derechos humanos siguen aumentando.

Con todo, la población ya expresó la decisión de seguir apoyando a Rohani en las reformas que implementó y las que prometió pondrá en marcha, entre ellas la obligación de rendir cuentas a los principales centros de poder como la Guardia Revolucionaria, la organización militar más grande la República Islámica de Irán.

 

 

 

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