No tengo nombre y es porque para la autoría de la recopilación de remembranzas no me deja más satisfecho que en los días en los que esto sucedió. Tampoco  tengo cara porque el que lea o conozca esta historia me da rostro, soy tú más de lo que soy yo. Sí, tengo género pero no es más que eso  así que me identificaré quizá más con un sector que con otro pero eso a mí me da igual y te debería de resultar igual de irrelevante a ti, porque recuerda, eres yo.
Trabajo todos los días por las tardes y las mañanas en un restaurante de esos de los que se habla mucha mierda que si porque la comida es mala para la salud o porque en su nombre hay más de mil referencias a crímenes contra la naturaleza; en fin, de eso que sabemos todos que con convencionales a más no poder y que en eso radica el encanto.
No hará  falta para ti que escriba los motivos por los que trabajo aquí, tu sabes cuales serían para ti; asume que son los mismos para todos como si fuéramos una suerte de productos de maquila, de repetición y consumación de un perfecto procedimiento en el cual no hay  rango que nos diferencie a uno de otro. Sí, en  más de una espeluznante manera  nosotros que estamos dentro y ustedes que están fuera somos así. Quizá el mundo es así.

Estaba ahí, en mi caliente y vaporosa plancha central, colocando- ni una más ni unas menos- ocho carnes de hamburguesa de las que nos envían del almacén. El procedimiento es este: las colocas, pones a correr el timer, bajas la placa y esperas hasta que el timer comience a sonar (será entonces cuando les des vuelta) y bajas la plancha de nuevo para que en menos de un minuto con treinta vuelva a sonar y sea hora de sacarlas. No tiene nada de interesante o no lo tenía hasta que mi gerente llegó con el “sazonador” y me ordeno que antes de sacarlas pusiera en cada porción una pizca de ese polvo ligero y blanco; realmente no altera mucho el procedimiento pero aquí hasta el más ligero cambio genera o grandes estragos o grandes mejoras –para la producción-  pero a mí me daba igual y lo hice; sin más.
Efectivamente, grandes cambios comenzaron a suceder y yo no creo que sea responsabilidad mía, es más bien la de ese maldito/bendito polvo del cual su origen desconozco pero en cosa de días la clientela aumento y esas hamburguesas que antes hacía para uno que otro cliente que llegaba a reconocer por su pedido se habían convertido en cientos de pedidos sin ninguna particularidad.
Tome una decisión que no sé si es grande o pequeña pero en cada plancha que lleno de esas petulantes y rosas futuras hamburguesas, elijo a una afortunada que no será víctima de la alteración de su ser y no se trata de que la carne sea consciente de ello, eso a mí no me ocupa, lo que busco es más que obvio pero en caso de ser necesario me explicaré ; quiero que al afortunado al que llegue la fortuita carne convencional caiga en cuenta de que las cosas ahora son aún peores que antes, que ahora hay algo que le podría hacer creer que lo que antes estaba mal ahora es mejor, quiero que tan sólo uno se dé cuenta de esto y que a su forma –cómo lo eh hecho yo-  deje de estar sujeto a la plancha central.

 

 

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