En Colombia durante más de medio siglo se desarrolló un conflicto armado interno que involucró durante décadas a varios actores armados que buscaron desde orillas ideológicas opuestas la ocupación y el control territorial de amplias zonas del país, es de esta manera como se llega a un escenario de conflicto entre, al menos,  cuatro partes: las guerrillas de izquierda, los paramilitares de extrema derecha, los grupos narcotraficantes y las fuerzas de seguridad del Estado.

Luego de un estancamiento notorio en el campo militar, la guerrilla más antigua del mundo, las FARC-EP y el gobierno del presidente Juan Manuel Santos (2010-2018) se sentaron en una mesa de dialogo en La Habana, Cuba para poder llegar a acuerdos concretos que permitieran detener la tragedia humanitaria que implicaba la guerra y resolver, al menos de una parte, las causas que originaron la confrontación.

 AFP PHOTO / LUIS ACOSTA

Las FARC-EP finalmente firmaron el acuerdo de paz con el gobierno de Colombia en noviembre de 2016 y es solo hasta el pasado primero de septiembre que se convirtieron en partido político legal. El escenario, lejos de ser fácil para sus aspiraciones políticas se constituye como una compleja disputa por el electorado que históricamente no ha votado en elecciones pero que aun así siente las necesidades de cambio y renovación política.

Para el naciente partido político de la ex-guerrilla el reto se basa en llegar a estas amplias mayorías que han sido excluidas del escenario político y que sus demandas por lo general no son escuchadas, no obstante, la polarización política es creciente, y el estigma que carga la ex-guerrilla sigue siendo su principal dificultad de cara a las elecciones del próximo año.

Sebastián Mora, Twitter: SebasHMora

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