Al interior del museo Soumaya se encuentra una de las colecciones más ricas en valor cultural para toda américa latina referente a la época colonial y el periodo  histórico de México independiente que está ubicada en un piso y medio del museo; es verdaderamente grande e importante a parte  de ser, en términos históricos,  apasionante –no hay otra palabra para describirla-.

De la colección hay mucho que ver en vez de hablar; piezas artísticas impresionantes que no eran más que el cotidiano burgués hace 3 siglos, alhajas, utensilios de comida, relojes y lo más vistoso las pinturas que retratan la vida cotidiana en las colonias de Latinoamérica.

Al ver toda esa colección la primera palabra que se presentó en mi mente fue opulencia. No cómo vulgarización de riqueza sino cómo la única que me daba un argumento para aplicar la posibilidad de ver todo eso reunido y de la creación de cada uno de estos objetos.

Por más que esté  obviado que ese museo en Plaza Carso ya significa algo por el hecho de estar ahí y no en otro punto de la ciudad, por increíble que parezca la cantidad de obras que están al interior (entre la colección privada de la fundación Slim y las piezas traídas en calidad de temporales) no había  logrado hacer consiente que hay una interpretación más allá de la obra como producción social  y el contexto. Los objetos pueden interactuar anacrónicamente con los sujetos y generando nuevas visiones en el proceso.

Pero con las piezas que más sentí la necesidad de tomarme unos minutos  a analizar fueron con las del segundo Imperio Mexicano de Maximiliano de Habsburgo. Me pregunto profundamente que significará para el mismo Carlos Slim contar con objetos personales de Maximiliano, muebles que le pertenecieron durante su estancia y un busto  del emperador y la emperatriz. A decir verdad no creo que ninguno de nosotros, simples y no burgueses mortales, tenga una relación tan peculiar con un villano de la soberanía nacional.

Lo que yo analice no fue el contexto de su creación, la  influencia europea o todo eso de lo que cualquier historiador se podría encargar; yo analicé a las afinidades que entre ambos personajes  de gran importancia nacional se  exhiben  involuntariamente y lo curioso que resulta encontrarlos posicionados a ambos como villanos nobilísimos.

No hace falta ser  injustos ni tan imparciales con cualquiera de los dos, sólo ser sensato para concluir que la opulencia es lo que relacionará a pocos a través de la historia y que  más de uno  estará relacionado con México.

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