En medio del inefable evento acontecido el 19 de septiembre del 2017, México y el mundo fueron testigos de cómo se unió una sociedad tremendamente heterogénea, nadie pertenecía de aquí ni de allá, nadie discriminaba después de sólo con la vista juzgar…Todos tenían un fin, rescatar y ayudar.

Lamentablemente siempre habrán personas que aprovechan toda oportunidad para hacer el mal. El día 26 de septiembre a 7 días del terremoto en México, un grupo de jóvenes voluntarios católicos a bordo de tres camionetas pick-up para llevaban ayuda a las comunidades afectadas en Oaxaca, sin saber a lo que les conduciría su alma altruista, fueron interceptados en carretera por un grupo de hombres armados quiénes además de balearlos, vaciaron el contenido de los vehículos y por si fuera poco, violaron a una de las jóvenes y para rematar los despojaron de 40 mil pesos con los que pretendían hacerse de más víveres al llegar a su destino.

Ante esto, según el Administrador de la fundación católica Papa Francisco Pro Felicitas A. C. Carlos Arvizú, (quíen llevó a cabo el acopio de víveres y encomendó a los jóvenes la labor), se sabe que dos de los voluntarios de este grupo con dirección a Juchitán y Tehuantepec, se encuentran hospitalizados; el primero, debido a que las balas le perforaron algunas arterias y comenzó a desangrarse, y el segundo debido a que fue golpeado de una manera que sólo puede ser calificada como deleznable, pues por poco lo lleva a la muerte.

Sin afán por apaciguar ni demeritar los actos solidarios de la sociedad mexicana, consideré sustancial divulgar la otra cara de la moneda.

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