De Luisalvaz – Trabajo propio, CC BY-SA 4.0, commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=39750408

 

 

El organillo, instrumento musical hecho de madera con unos pocos remaches de metal, llegó a México durante el Porfiriato, en 1884. Oriundo de Alemania, se comenzó a ver en las calles de las ciudades del país con motivo de musicalizarlas. Poco a poco fueron tomando fuerza las canciones que salían de aquellos afinadores de madera, para así volverse un sonido típico de las calles.

        La casa instrumental Wagner & Levien fue la primera en pisar tierras mexicanas con los organillos. Éstos se fueron esparciendo por todo el territorio en aquella época. Muchos continúan sobreviviendo hasta la fecha; algunos se encuentran en manos de coleccionistas; y otros vagan por las calles del país.

        La Unión de Organilleros del Distrito Federal y la República Mexicana es la asociación que tiene a cargo a los más de 500 trabajadores en México; además, esta asociación se encarga de conseguir instrumentos nuevos y gente para reparar los dañados, pues no es tarea de cualquier persona.

        Esta tradición sobrevivió a la Revolución Mexicana, por eso, muchos son los significados que lleva consigo el organillero, pues fue una etapa que marcó la historia de nuestro país, de su población y de los encargados de tocar el organillo. Un ejemplo es su uniforme, el cual representa a los Dorados de Villa, aquella escolta del legendario revolucionario de Durango.

        A pesar de los altibajos que ha tenido esta profesión, la gente sigue dando dinero y apoyando a estas personas dedicadas todo el día a tocar este instrumento típico de México.

        Un organillero soporta muchas cosas durante el día: malas caras, algunos insultos y ocasiones en las que no consigue el monto de dinero deseado, pero su gusto por el organillo no cesa, y cada día continúa su viaje en la ciudad para sacar adelante a su familia y mantener viva la tradición.

 

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