A dos años del suceso que hizo despertar  a la nación del letargo social este 26 de Septiembre la  gente ha  salido a las calles y en la Ciudad de México se realizó la marcha conmemorativa más importante del año, o al menos para mí ahora lo es (inclusive tomando en cuenta a la realizada cada año el 2   de Octubre).

Muy distinta ha sido la forma en la que en estos dos años se ha intentado contar una verdad que satisfaga a la población, los padres de los jóvenes desaparecidos –Sí, para ellos siguen desaparecidos-, y que  al mismo tiempo no  atente contra la cúpula  del poder.

Pero entre tantas verdades,  en lugar  de obtener claridad sólo se ha buscado persuadir a la  población y evitar acciones que perpetúen el recuerdo de que uno  de los  casos que más elementos de la debacle Estatal  deja a la luz.

Y si participar en una marcha se ha convertido en objeto de burla bajo la idea de que no sirve de absolutamente nada: ni apoyo, elemento trascendente de cambio o invitación a la revolución, es porque no se entiende que el acto en sí mismo sólo es simbólico. Es decir, pretender que una marcha es la que hace un cambio es una conclusión simplista.

A dos años de la desaparición las formas de expresar indignación, tristeza, solidaridad y un profundo miedo de que lo mismo nos puede pasar las encontré representadas en la misma marcha;  acto simbólico en el cual ser conjugan más actos simbólicos y los cuales yo capto para narrar en otro acto simbólico.

Performance de la paz vulnerada, la madre patria ciega, torturada y sangrando, un hombre vestido de negro que mantienen maniatado a otro cegado por la televisión avanzan por paseo de la reforma entre consignas que nos recuerdan el motivo conmemorado. Música con ritmos de influencia africana que hacía bailar a los que conformaban el contingente de la Escuela Nacional de Música pero la comparsa no lo hace menos fatídico.

 Todo esto ocurría al mismo tiempo, en el mismo lugar y expresa  el sentir del pueblo  que lamenta que cosas así ocurran en el país, que sea el mismo Estado el que atente contra su población y que ya sean dos años de la desaparición y se tengan que seguir buscando formas de perpetuar el recuerdo para que esto no se vuelva a repetir aunque no hay nada que nos asegure que no será así.

Es tristísimo saber que el pueblo no debe  olvidar este hórrido momento pero si no fuera sumado a la memoria del pueblo, si no fuera representado y recordado de distintas formas estaríamos infravalorando el potencial revolucionario del recuerdo.

Views All Time
Views All Time
151
Views Today
Views Today
1