img06

“El doble significado de la soledad –ruptura con un mundo y tentativa por crear otro–se manifiesta en nuestra concepción de héroes, santos y redentores.” Octavio Paz

 

Tomas el auto bus, te sientas en el primer lugar que ves libre, recuestas tu cabeza en la ventana y miras las gotas que han quedado en el vidrio después de una jornada de lluvia. Las descifras, les das forma, ubicas su contextura y recuerdas que no son nubes, por ende no tienen forma de conejo. Suena persistentemente en tu mente un pedazo de canción: “If I go insane, please don´t put your wires in my brain[1].”

 Seguidamente, tus pensamientos empiezan a tomar un sinfín de formas, medidas y contenidos. No entiendes por qué hace tanto frío si llevas abrigo y no entiendes por qué el conductor va tan despacio si no hay tráfico. Detienes tu mirada en los rostros de los transeúntes que van contigo, están cansados, distraídos, en silencio, como tú. Acto seguido intentas inventar historias fantásticas como antecedente a sus rostros agotados, pero tu creatividad no trasciende de súper héroes mal asalariados.

Luego repites el fragmento de canción que llevas en la memoria, una y otra vez, mientras recorres las calles con una mirada rápida para ver si tu parada es la próxima, para cerciorarte de que no estas perdida, como tantas veces; empiezas a entender que los lugares se hacen hogar en la medida en que te reconoces y te haces parte de alguien o algo. Hogar en principio pequeño y en ruinas.

Finalmente, bajas del autobús, caminas hacia tu lugar de destino, te das cuenta de que tus zapatos están más sucios de lo acostumbrado. Después de tocar la puerta, esperas a que te abran y cuando ingresas a tu hogar, te das cuenta de que han limpiado los escombros y de que ya hay una foto tuya en la sala de estar. No dices nada, saludas amablemente y vas a tu cuarto.

 



[1] “Si me vuelvo loco, por favor no pongas tus cables en mi cerebro.”

Imagen: Automat, Edward Hopper.

Views All Time
Views All Time
84
Views Today
Views Today
1